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LOS TRES CERDITOS, EL LOBO, UN HUSKY Y LA HIENA

El rincón literario de miravosblog se honra en publicar un cuento de una de las promesas literarias de San Martín de los Andes, Julieta D.

Directo del Taller de Cuentos de la Biblioteca 9 de Julio, con ustedes:

LOS TRES CERDITOS, EL LOBO, UN HUSKY Y LA HIENA

Seguramente, a través de los años, muchas páginas de libros se llenarán con nuestra historia.

Nosotros vivíamos en el bosque, aunque la verdad es que yo hubiese preferido hacerlo en la ciudad, pleno centro, con todo más a mano.

Soy Néstor, el mayor de los tres hermanos, por lo tanto, el más exigido por nuestros padres desde pequeño. El responsable, trabajador y también algo autoritario, no voy a negarlo. Quedamos huérfanos siendo niños, así que fui como un padre y madre para mis hermanitos. Me encargaba de conseguirles comida a diario, sin descanso alguno, mientras ellos jugaban y se divertían con otros animales. Ah, olvidé decirles, somos cerditos. Para resumir, trabajaba como una bestia.

El bosque estaba dominado por un lobo que había llegado desde una provincia del oeste. No sé que hacía ahí, pero estaba claro que no iba a irse. Carlos Saúl era feroz e implacable. En pocos meses había logrado aterrorizar a todas las especies.

Yo les advertí a mis hermanos que tuvieran cuidado, porque su clara intensión era comernos de a uno, hasta saciar su apetito. Todavía recuerdo sus caritas de pánico mientras me escuchaban describir a la cruel bestia.

Les propuse que construyéramos una casa para cada uno, así nos protegíamos por si venía a buscarnos. Ellos aceptaron de inmediato, sabiendo que era la única opción para estar a salvo.

Mi hermano del medio, Fernando, era el más lento y holgazán. Pero en esta ocasión, fue un rayo para armar su cabaña de paja. Nada de cimientos, ni conexiones de gas, luz o agua. Él quería volver al corralito, donde pasaba horas solo, armando helicópteros de madera. Le costaba hacerse de amigos, casi todos los animales decían que era aburrido.

Chacho, el pequeño, era el más verborrágico y carismático. Siempre andaba rodeado de amigos, haciendo alianzas con diferentes animales, que después deshacía en un santiamén. Chamuyero como pocos. Él construyó la cabaña con paneles, más resistente que la anterior. Pero ningún sistema de seguridad. A los pocos minutos ya estaba divirtiéndose con Fernando, convenciéndolo de dejar entrar al corralito a Domingo, el caballo y que pactara con él.

Yo, en cambio, estuve todo el día trabajando, casi sin descanso. Elegí hacerla de piedras, con techo a dos aguas. Para combatir el frío, doble vidrio en las ventanas. Para estar más tranquilo, alarma, luces externas con sensor de movimiento, puerta de seguridad antibala con multicerrojo, rejas en las ventanas y un cerco perimetral electrificado. Nada del otro mundo. Además, compré un botón antipánico, conectado directamente con el destacamento policial y en la mesita al lado de la puerta de entrada tenía un kit de gas pimienta que me consiguió un panadero amigo.

Días más tarde, Carlos Saúl cumplió con su amenaza y apareció, repentinamente, con el afán de comernos. Cada uno corrió a cobijarse en su casa.

La cabaña de paja no aguantó demasiado. Apenas el lobo dio dos soplidos, se cayó. Espantado, Fernando salió corriendo a guarecerse en la de paneles.

Esa resistió un poco más. Pero sólo tuvo que soplar con más ganas y se vino abajo en poco segundos. Mis dos hermanos, tomados de la mano, salieron despavoridos, directo a mi casa. Mientras Domingo, el caballo, saltaba el corralito y huía como un cobarde por el bosque. Siempre pensé que no era de fiar.

Entre los tres preparamos la defensa. Pusimos a calentar agua en nuestra chimenea, mientras veíamos que Carlos Saúl se chamuscaba saltando el cerco electrificado. Llegó a la puerta antibala, sopló y sopló. Una y otra vez se llenaba la boca de aire que luego escupía con una furia despiadada, pero nada pasaba. Contrariado, fue hasta la ventana pero el doble vidrio ni se inmutó ante su aliento huracanado. Entonces, llegó su ayuda. Mauricio, un husky de increíbles ojos celestes, trajo una escalera para que pudiera subir hasta el techo. No se sabía de donde venía su amistad, el perro provenía de una encumbrada familia de clase alta y Carlos Saul era de origen humilde del interior del país. El lobo empezó a treparse al techo. Metió las patas por la chimenea y se largó nomás.

El grito de espanto y dolor llenó toda la cocina. Nunca vi un rostro con tanto sufrimiento. Todo su cuerpo terminó dentro de la olla de agua hirviendo. Fueron escasos segundos, para después salir corriendo rápidamente, lo que me asombró, porque Carlos Saúl era un lobo viejo. Emocionados, los tres nos quedamos abrazados, festejando nuestro triunfo.

Después nos enteramos que la policía, con el comisario Eduardo, a la cabeza, lo atrapó a pocos metros, cuando intentaba huir. Nunca más nos molestó.

Lindo final, ¿no? Con enseñanza incluida: siempre que te esfuerces las cosas te saldrán bien.

Los padres contarán nuestro cuento a sus hijos a modo de moraleja. Nos haremos famosos.

Pero, ¿quieren saber lo que realmente pasó? Eso lo dejo para otra oportunidad.

Julieta D.

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One thought on “LOS TRES CERDITOS, EL LOBO, UN HUSKY Y LA HIENA

  1. Anónimo

    Muy bueno!!! Pronto…qué pasó???

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