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LOS CHIFLADOS

Llegó el “Día del amigo” y justamente una amiga de la casa nos regala esta hermosa historia para nuestro rincón literario. Que puedan disfrutarla como lo hicimos nosotros… y feliz día a todos nuestros amigos del blog !!!

Los Chiflados

Recuerdo que era un día gris, frío, de domingo por la tarde. Los presenté mientras preparaba el mate.

  • Las tardes de domingo son depres – dijo Leo acurrucándose en el sillón, mirando la nada.

  • Eso te pasa por escuchar Radiohead – masculló Rocío con sorna.

Como inicio de una conversación, digo que no fue agradable, situación que se repetiría, de ahí en más, cada vez que estos dos individuos se encontraban.

– Bue.. a vos te gusta Black Sabbath…así estás… – dijo Leo con las mejillas arrebatadas de calor, manejando el tono para no estallar ante la mirada atónita de Rocío.

– ¿Y? Vos no tenés criterio. Pasás de Nirvana a Morrissey – espetó la joven con desdén

– Quedamos así. Sos una “conserva” de la primera hora – Leo juntó su mochila y marchó antes de que la discusión terminara peor.

El caso es que estos dos especímenes nunca lograron congeniar ni en gustos, ni elecciones, ni pareceres. En cierta forma, era el paradigma de las relaciones disfuncionales: no te banco pero te necesito porque el “no bancar” implicaba en realidad buscar la reprobación ajena para fortalecer lo que uno sostenía.

Para los que los mirábamos, debo reconocer que nos divertían. Los invitábamos a las reuniones simplemente porque en algún momento iban a comenzar con el show de las diferencias, retrucando cada observación y tratando de imponer la opinión propia hasta que uno de los dos se iba porque el intercambio no daba para más.

Fueron, si la memoria no me falla, quince o dieciséis años que los aguanté a los dos. Formábamos The Three Stooges, claro que los tortazos y cachetazos eran entre ellos. A lo sumo, me tocaba separar las aguas cuando se salían de libreto. Pese a todo, eran insoportablemente queribles…

Pero… como todo en la vida, nada dura para siempre. Sin mucho tiempo de elaboración, Leo nos contó que se iba a vivir a otra ciudad, muy lejos. Lo que parecía un alivio, se convirtió en estupor y extrañeza. Nos despedimos rápido los tres con las remanidas promesas de mantener contacto vía internet.

Nada fue igual. Nuestras vidas siguieron sus cursos pero la de Rocío ya no tuvo vuelta atrás. Su mirada tenía un dejo de tristeza profunda mezclada con bronca en la voz cada vez que nombraba a Leo. No exagero si reconozco que mi amiga había comenzado a marchitarse el mismo día que, con un terrible nudo en la garganta me dijo: lo extraño.

Y la bola volvió a girar. Cosas locas de la existencia. Leo y Rocío hoy viven juntos. Tengo entendido que siguen discutiendo pero ahora los temas pasan por quién lava los platos o por las compras en el supermercado. Estaba cantado, estos dos chiflados no saben vivir sin la adrenalina de “la pelea nuestra de cada día”. Por algo se encontraron, por algo se eligieron.

Rosario C.

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