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CABALLITO DE MAR

Otro cuento para el rincón literario de Miravosblog. En esta oportunidad nos sumergimos en los recuerdos…literalmente. Que lo disfruten!

CABALLITO DE MAR

    Una fría neblina llegaba desde la bahía, atravesando los bosques y cubriendo las calles del pueblo, convirtiéndolo en una Londres patagónica. Aunque Rawson de Londres solo tiene algún ocasional turista, que cansado de sacarle fotos a los pinguinos decide dar una vuelta por el pueblo. El recuerdo de la neblina londinense dibujó una pequeña sonrisa en el rostro del doctor Casas, que desde la terraza del Hospital Municipal observaba como ese colchón gris era perforado por las luces de los faroles de la calle principal del pueblo. El silencio de la noche solo era interrumpido por el constante zumbido de los motores de refrigeración del hospital, pero gracias a éstos Casas recibía el calor suficiente como para soportar el clima otoñal. Por otra parte, el zumbido de los motores era tapado por esporádicos ronquidos de Silvera, su amigo y colega de turno, que recostado en una reposera parecía dormir plácidamente.

-Silvera…

-Mmmm…

-Che Silvera… ¿dormís?

-No, hago yoga a la una de la mañana… ¿qué pasa?- preguntó entre bostezos Silvera.

-No, nada, seguí durmiendo.

-…

– ¿Te acordás del viaje a Londres, Silvera?

-La verdad que poco, en realidad estaba tratando de soñar con la enfermera nueva, pero si querés voy a buscar el álbum de fotos.

-Que humor de mierda, che, además ¿necesitás de las fotos para recordar el viaje?

-Viejo, hace 15 años del viaje, ¿a qué viene todo?

-Es por la niebla, está igual que en Londres, mirá el pueblo.

-Dejá, te creo Casas.

-¡Qué increíble! ¿no?

-¡Es niebla, Casas, no un meteoro!

-No, digo qué loco el recuerdo, porque hacía años que no pensaba en el viaje de las becas y esta simple niebla me llevó a la bahía del Támesis de una.

-Son cosas que pasan Casas, ¿alguna otra reflexión que quieras compartir o puedo seguir durmiendo?

-Memoria de largo plazo… 1

-¿He?

-Nada, pensaba en voz alta… ¿te enteraste del paciente que están estudiando en neuropsicología?

-Lo único que se, es que lo bautizaron “Chango” y no me preguntes por qué, nada más.

-Le dicen Chango porque lo último que recuerda es estar en la cama con una radio en la oreja y gritar el gol de Cárdenas cuando Racing salió campeón intercontinental.

-Que agradezca el recuerdo, porque como va el equipo ahora se debe querer matar, ¿no?

-No, no comprendés, el tipo este recuerda toda su vida hasta ese momento, todos los demás eventos que transcurren en su vida no los puede retener en su memoria.

-¿Tuvo un accidente, se rompió la cabeza?

-No, hace 40 años el virus del herpes simple le invadió el cerebro y le hizo mierda la cabeza. Para cuando la infección disminuyó, habían desaparecido de la parte medial de los lóbulos temporales2 dos porciones de masa encefálica y, con ellas, casi toda la memoria del pobre tipo.

-Tiene el cerebro hecho mierda entonces.

-En realidad, y disculpá que refute tu diagnóstico tan profesional, su hipocampo3 quedó destruido y, sin él, Chango es como una filmadora que funciona mal, ve, pero no graba.

-¿Una especie de amnesia entonces?

-Ojalá, a falta de una, padece dos tipos de amnesia. Una retrógrada, la cual provoca que no pueda formar nuevos recuerdos, y otra retrógrada, que ocasiona que tampoco pueda evocar recuerdos anteriores, por lo menos no desde hace 40 años. Su infancia, el servicio militar, la Segunda Guerra Mundial, todo eso es muy vívido. Pero hasta donde sabe, la nafta sale 50 centavos el litro, el presidente es Illia y la llegada del hombre a la luna jamás sucedió.

-¿Llegaste a hablar con él?

-Presencié unas pruebas de conocimientos que le realizaron. Lo increíble es que los científicos lo viven tratando hace varios años, pero cada vez que se sientan frente a él, Chango los saluda como si fueran personas extrañas.

-¿Cómo son las pruebas?

-Se sientan frente a él, en la mesa de su habitación y le hacen una serie de preguntas que ponen a prueba su sentido común; en qué continente está España, cuántas semanas tiene un año, a que temperatura hierve el agua…

-¿Y las responde bien?

-Si, todas correctamente y, además, pacientemente. Imagino que casi con la misma sensación de desconcierto que yo tendría si unos extraños entraran a mi habitación, se sentaran en mi mesa y, muy seriamente, me interrogaran sobre la temperatura de ebullición del agua. Lo loco es que no tiene idea de que esa pregunta la ha oído muchas veces antes.

-Me imagino… que viaje para el flaco debe ser leer el diario ¿no?¿Reaccionará de la misma manera cada vez que relea una noticia que lo sorprenda?

-No se, también pensá que cuando termina de leer un encabezado largo, lo más seguro es que olvide como comenzaba y … ¿de qué te reís?

-Pensaba en lo positivo de retener poco tiempo en la memoria toda acción que uno comete. Vos imaginate al tipo en un ascensor lleno de gente, de repente, se le escapa un pedo, uno de esos silenciosos, pero bien tóxico. En ese mismo instante él es consciente de lo que pasó y siente vergüenza, pero para cuando el olor se hace presente, él ya lo olvidó, y lo más gracioso es que comienza a observar con gesto de disgusto a las personas que están a su alrededor, pensando quién habrá sido el pedorro.

-Que observación positiva la tuya Silvera y sobre todo muy científica.

-Vos criticame, pero si un día lo tenés a tu lado y comenzás a sentir baranda, alejate porque seguro te va a mirar mal a vos. A todo esto, ¿estuviste a solas con él?

-Hace unos días me lo crucé afuera, en el parque del hospital. Lo saludé y ni cinco de pelota, obvio ¿no?, así que le chisté y entonces se detuvo, me observó, movió la cabeza con lentitud, sonriendo y dudando. Creo que aprendió por hábito que con las personas que se cruza en el hospital debe sentirse en confianza, e interpreta esos sentimientos inconscientes de comodidad como un buen motivo para detenerse y saludar.

-¿Hablaron?

-Cuando se quedó frente a mí saludándome observé que en la muñeca izquierda llevaba un brazalete metálico de alerta médica, se lo señalé.

-¿Y?

-Lo miró como extrañado y dijo- mmmm dice pérdida de memoria. ¡Ni siquiera es consciente, ni recuerda que tiene un problema de memoria!, ¿entendés?. Eso es algo que vuelve a descubrir a cada momento y, puesto que olvida que siempre olvida, cada idea perdida pareciera una equivocación fortuita, un fastidio y nada más, del mismo modo que lo sería para vos o para mí. Desde que enfermó, para Chango, el espacio ha existido sólo en la medida en la que puede verlo. Su universo social sólo abarca a las personas que están en la habitación o en los alrededores del hospital. Es como si viviera bajo la luz de un reflector, pero todo a su alrededor fuera oscuridad, ¿entendés Silvera?

-Si Casas, sin recuerdos4… que joda.

-Una vez leí que somos un compilado de recuerdos y que, según como estos sean, forman parte de nuestra personalidad. Por ejemplo, de los recuerdos de sufrimiento surge la compasión, ¿comprendés? Uno no hace la memoria, la memoria lo hace a uno.

-No se Casas, a lo mejor es como cuenta Borges en “Funes el memorioso”.

-¿Qué dice?

-En el cuento, Borges describe a un hombre traumado por su incapacidad para olvidar. Recuerda hasta el más mínimo detalle de toda su vida, pero no puede discernir entre lo trivial y lo relevante. No puede establecer prioridades, tampoco generalizar. Funes “era casi incapaz de ideas generales, platónicas”. Quizá, como concluye Borges, es el olvidar, no el recordar, la esencia de lo que nos hace humanos.

-Puede ser Silvera… puede ser… que se yo. Hay días que me descubro pensando en él por bastante tiempo… me surge el impulso de ayudarlo a escapar, al menos por un segundo, de esa pesadilla existencial en la que se encuentra atrapado… ciego a la realidad en la que vive. Quiero tomarlo de los hombros y sacudirlo mientras le grito: “tiene un trastorno en la memoria y se ha perdido de los últimos 40 años”. Imagino el horror puro que sentiría, la claridad momentánea, el enorme vacío que se abriría frente a él, para luego cerrarse con la misma celeridad. Y entonces el ladrido de un perro o la risa de un niño lo devolvería de inmediato a su burbuja, donde todo a su alrededor le es ajeno.

-¡Mierda Casas, la niebla te pone de divertido!

-Cuando lo conozcas me vas a entender Silvera.

-Muy bien, entonces, llévame a verlo. Por si no lo notaste, está amaneciendo, así que lo podemos encontrar desayunando.

-Bueno bajemos, pero no seas pelotudo, nada de jodas que no es un juguete.

-Me extraña colega… che, Casas, hablando de recuerdos, ¿me harías el favor de hacerme recordar algo?

-Decime.

-Que la próxima guardia en la que haya niebla no te siga ni en pedo a la terraza.

Mariano A.

1Memoria de largo plazo: la corteza cerebral frontal recibe información, la tiene disponible para su uso inmediato (memoria funcional) y coordina su empleo por otras partes de la corteza cerebral. Tras unos segundos, los eventos importantes empiezan a codificarse con la ayuda del hipocampo y otras zonas de los lóbulos temporales mediales, convirtiendo la memoria de corto plazo en memoria de largo plazo.

2Lóbulos temporales mediales: hay uno a cada lado del cerebro, incluyen una estructura curva llamada hipocampo y diversas regiones adyacentes que , juntas, realizan la mágica tarea de convertir nuestras percepciones en recuerdos a largo plazo.

3Los recuerdos no se almacenan en el hipocampo (residen en otra área, en las tortuosas capas exteriores del cerebro: la neocorteza), pero la zona hipocampal es la parte del cerebro que hace que se retengan. Esta zona recibió su nombre por su forma curva.

4Recuerdo: un recuerdo es una configuración de conexiones almacenada entre las neuronas del cerebro. Hay aproximadamente 100000 millones de esas neuronas, cada una de las cuales puede formar quizá entre 5000 y 10000 conexiones sinápticas con otras neuronas, que arrojan un total de alrededor de 500 y 1000 billones de sinapsis en el cerebro adulto promedio. Cada sensación que recordamos, cada idea que pensamos modifica las conexiones dentro de esa vasta red. Las sinapsis se fortalecen o se debilitan, o se forman nuevas sinapsis. Nuestra esencia física cambia. De hecho, siempre lo hace, a cada momento, incluso cuando dormimos.

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