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QUILA QUINA SE CAMINA…

Por: Mariano A.

    Si tienen la suerte de poder elegir el momento del año en el que se puedan tomar sus vacaciones, o si les “tocó” tomárselas entre abril y junio, no duden en darse una vuelta por San Martín de los Andes. El otoño, para quien escribe, es la estación en la que se siente que el pueblo te acobija, ya sea por el colorido de sus bosques en contraste con los cerros, o por el sol de la tarde que nos regala la temperatura justa para disfrutar de unos ricos mates mientras recorremos las costas del lago Lácar hasta despedirnos con un hermoso atardecer.

    Y si de atardecer hablamos, les recomiendo contemplarlo en las playas de Villa Quila Quina. Partiendo del muelle de San Martín de los Andes, tomamos la ruta 40 (camino 7 lagos), bordeando el lago Lácar, llegamos a un desvío (8 km aprox.) hacia la izquierda, éste es nuestro camino que nos llevará a Villa Quila Quina. Desde ahí recorremos otros 10 km de camino de tierra con muchas pendientes (por si se les ocurre ir pedaleando) y rodeado de bosques milenarios, adentrándonos en la comunidad mapuche Curruhuinca. Casas y animales de granja son parte del paisaje.

    Vamos ganando altura, donde a mitad del camino nos detenemos a observar la panorámica del lago y la villa en toda su extensión. Seguimos andando hasta llegar al muelle, donde dejamos el auto y comenzamos a caminar. Porque Quila Quina se disfruta caminando. La vista del Lácar desde el muelle es muy distinta a la del muelle de San Martín, el lago se muestra en forma de brazo y también podemos observar parte del cerro Abanico.

    Caminamos entre cipreses, robles, pellín, maitenes, cohíues, radales y raulíes. La rosa mosqueta y sobre todo las frambuesas son la atracción de la temporada otoñal. Los amarillos, rojos y naranjas nos rodean, todo el bosque está pintado de otoño y el sol que se filtra por los árboles semidesnudos juega con el paisaje, transformándolo mientras de a poco se va ocultando detrás de los cerros, comenzando con un crepúsculo de fuego para terminar con un atardecer azulado y fresco. Nos tomamos los últimos mates y comenzamos el regreso, bañados de otoño…

Fotos: Mariano A. y Marcelo C.

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