Search

Influencias/Como Charly García (1951-∞) llegó a mi vida

     Por Mariano A.

     Allá por el ´86 , con unos once abriles encima y disfrutando de una joven democracia, mi vida se resumía en ir a la escuela, hacer la tarea lo más rápido posible para así poder salir a a jugar con mis amigos y alimentarme cuando me daba hambre. El conocimiento popular dice que cuando somos niños absorbemos toda la información que nos proporciona la gente que nos rodea, vamos formándonos en muchos aspectos. Un par de esos aspectos yo se los debo a mis tíos. Aquí tengo que aclarar que los tíos que tengo son de parte de mi mamá, y que mi tía, Paola, tiene la misma edad que yo, así que nos criamos juntos como quien dice. Compartimos el jardín de infantes y parte de la primaria. Pero lo mejor es que compartimos juntos nuestra niñez. Mi tío Claudio es un par de años más grande, y cuando uno es un niño un par de años es “toda una distancia”.

Pero volviendo a lo de los “aspectos”, mi tío Claudio fue el primero en la formación de uno de ellos. Una tarde mi viejo (fiel hincha de San Lorenzo de Almagro) volvió a su hogar y encontró a su primogénito vestido de pies a cabeza con el uniforme del glorioso Boca Juniors. –¿Y esto?, balbuceó mi viejo. –Me lo regaló el tío Claudio, fue mi respuesta. Mi viejo, aunque un poco resignado, no puso objeción a mi decisión futbolística. Igualmente los años venideros le dieron “revancha” ganándome la mayoría de las apuestas en nuestros clásicos.

Así que el mundial ´86 lo festejé como argentino y como hincha de Boca. Podríamos decir entonces que de mi tío absorbí los colores xeneizes. Por parte de mi vieja recibí el amor a la lectura, ella me leía cuando yo no sabía hacerlo y me regaló infinidad de libros cuando aprendí. Me mandaba a la biblioteca del Club de Leones para que pudiera leer todos los libros que quisiera y usar para estudiar los libros que no se podían comprar. Una mañana de estudio en la biblioteca comencé a prestar atención a lo que escuchaban por radio los chicos que la atendían, el programa era Radio Bangkok y no se parecía a nada de lo que en mi corta vida había escuchado (en mi casa se escuchaba Rapidísimo con Héctor Larrea). Mis visitas a la biblioteca fueron más asiduas desde ese día, así es madre, tu hijo iba a la biblioteca a estudiar, pero más a escuchar la radio…

Como les contaba, con Pao ( porque de chico nunca le dije tía, sonaba raro porque parecíamos hermanos) pasábamos mucho tiempo juntos, y un día trajo a mi casa un cassette ( gugleen chicos) de Charly García. Aquí tendría que señalar que mi formación musical constaba en ese entonces de escuchar los discos de vinilo (gugleen nuevamente) que mis viejos tenían. En mi casa se escuchaba de Palito Ortega a Rafaela Carrá, de ABBA a Julio Iglesias

Escuchar lo que ese flaco de bigote bicolor cantaba y tocaba fue como entrar en pleno verano a un lugar con aire acondicionado.

El cassette era Piano Bar, de mi tío Claudio, pero Pao me lo trajo para escuchar, así que el punto va para ella.

El amor hacia Charly nació así. Podría decir que, hasta hoy, lo escuché en todos los formatos. Al poco tiempo llegó Tango, con Aznar y luego Parte de la religión. ¿Qué adolescente no tiene el vicio de dajarse llevar y poner su cabeza en Marte…? Charly no tenía pudor en gritar yo necesito tu amor, tu amor me salva y me sirve… y eso a un pibe introvertido lo envalentonaba.

García sabía llegarte, recuerdo verlo en Badía y compañía mirando a la cámara y arengando –usted también señora en casa… en los coros de No voy en tren.

Dicen por ahí, unos amigos, que una noche, luego de unas cuantas cervezas compartidas me escucharon aclamar a viva voz –el día que conozca a la mujer que tenga entre sus discos Parte de la religión me caso – una mezcla de recuerdo y leyenda barrial.

Pero mi mejor recuerdo vinculado a la música de García fue una tarde que mientras estaba viendo la tele me pareció escuchar que alguien silbaba Yendo de la cama al living, seguí con lo mío y al rato escucho estoy verde no me dejan salir, estoy verde no me dejan salir… en la voz de mi viejo saliendo del baño. Cuando se dio cuenta de mi estupor se cagó de la risa y me dijo –tiene buenos temas ese flaco

Después vinieron los recitales, verlo en vivo era todo un viaje, literalmente, porque siempre tocaba en capital y tenía colectivos y tren que tomar. Y ni hablar de los tiempos que se tomaba Charly en sus shows, algunos terminaban a cualquier hora. Pero estar ahí, rodeado de personas de todas las edades era increíble. Padres con sus hijos, parejas jóvenes y mayores, pibes…

Con el tiempo los recitales fueron tornándose un poco caóticos, Charly tenía sus altibajos. Cada disco que editaba, para muchos podía ser el último. Los ´90 hicieron mierda a todo un paìs y Charly no salió inmune de esa década. Pero el flaco siempre respondía con más música. Como cuando todos pronosticaban un desastre en su presentación en MTV y el hijo de puta se mandó uno de los mejores Unplugged que tuvo el canal musical (si chicos, MTV antes pasaba videos musicales).

Pasados los 30 años ya había escuchado en vivo la mayoría de sus temas, pero había uno con el que no había tenido suerte y encima era mi favorito, Adela en el carrousel. Noche en el Luna Park, fui solo, sin saber que ese, hasta el día de hoy, sería mi último recital de Charly, un par de años más tarde me iría de Buenos Aires. Como sucedía a menudo, García discutía en medio del recital con el sonidista, pero el show venía bárbaro. Ahí estaba, nuevamente rodeado de personas de todas las edades. Entre tema y tema me gustaba recorrer con la mirada todo el Luna y ver a toda esa gente disfrutando. Y en uno de esos intervalos me sorprendieron las primeras notas de espalda al escenario. Pero yo lo conocía a ese tema desde el primero al último acorde. Quería cantar pero la voz no me salía, Charly nos decía que La luna empieza a llorar… y el que lloraba era yo. Lloraba de alegría, lloraba por el silbido de mi viejo que ya no podía escuchar, por la chica del disco que no pude encontrar, por ese pibe que ya estaba grande y pronto tendría que preparar las valijas.

Mientras yo me alejaba de Bs. As., Charly lo hacía de los escenarios.

Podría decir que la música de García conforma el soundtrack de mi vida.

Con su obra me pasa lo mismo que con la de Woody Allen. Cuando miro uno de los últimos trabajos de Allen, se que no estoy frente a lo mejor de él, pero busco (y siempre encuentro) ese diálogo, esa escena que me va a quedar dando vueltas por varios días en la cabeza.

Con García y sus últimos trabajos me pasa lo mismo, busco esa canción, esa frase, que por un momento, pedaleando o caminando con los auriculares, me permita volver a creer en esa chica, con ese disco, mientras escucho a lo lejos un silbido conocido…

Written by 

Entradas relacionadas

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: