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Ascenso al volcán Lanín

Si teníamos un ascenso pendiente desde que iniciamos el blog, ése era el del volcán Lanín. Y utilizamos el pretérito porque para festejar los dos años de Miravos hicimos cumbre en nuestro amado volcán.

El ascenso, a cargo de nuestro guía Diego Barretto, se adelantó un día, debido a que para la fecha pactada el clima comenzaba a desmejorar. Y nuestro gurú del clima no falló, lograda la cumbre, el clima ya no era el mismo. Pero para llegar a ese punto tenemos que comenzar desde el principio.

Partimos, desde San Martín de los Andes 8:30 am aproximadamente. El grupo estaba compuesto por Lucía (de Cipolletti), Ariel (de Bs. As.) y quien escribe, todos a la orden de nuestro guía  Diego y su compañero/ayudante Matías. Llegamos pasadas las 10 de la mañana al puesto de Parques para registrarnos y luego de chequear y acomodar mochilas emprendimos la travesía.

Atravesamos un bosque de lengas y salimos a un plano de arena volcánica, donde el  volcán Lanín (3776 msnm) se nos presentaba imponente. Luego de unas merecedoras fotos seguimos camino hasta llegar a la Espina de Pescado (1320 msnm), éste es un filo del volcán que nos conduce hasta el Camino de Mulas (1716 msnm) donde una pendiente marcada y en zig zag nos acompaña largo trecho hasta alcanzar la zona de campamento de guías ( Refugio RIM 2315 msnm). Llegamos al campamento en un buen tiempo, tardamos unas 3 horas y media. Luego de acomodarnos en el domo, donde pasaríamos la noche, salimos a disfrutar de la vista y comer algo. Algunos grupos descendían con la sonrisa grabada en el rostro luego de haber logrado la cumbre horas antes, contagiando de entusiasmo a los que recién llegábamos.

Luego de nuestro descanso realizamos una práctica de movimiento y caída en hielo y nieve. Nos enseñaron a colocarnos las polainas y los grampones, cómo caminar y utilizar la piqueta como bastón, todo bajo la atenta mirada de un zorro que es habitué del campamento. Ya el sol se iba ocultando, y luego de unos ricos fideos, las bolsas de dormir nos esperaban. Eran las 19:30, pero a las 02 am del siguiente día comenzaríamos el ansiado ascenso a la cumbre.

El llamado de nuestro guía y el viento que golpeaba fuerte contra el domo nos despertó a las 02 am, un desayuno bien caliente y  las mochilas en la espalda. El cielo totalmente estrellado, pero el viento se hacía sentir, Diego nos agrupa y mientras partimos nos tira una frase que, para quien escribe, no fue muy alentadora, “vamos a ver hasta donde podemos llegar”. Comenzamos la marcha, lenta pero constante. Las luces de nuestras linternas en los cascos sólo nos dejaban ver donde pisábamos. Logramos llegar hasta el refugio CAJA (2600 msnm), donde nos colocamos las polainas y los grampones. Comenzaba el terreno nevado y con hielo, el viento no tenía intensión de abandonarnos todavía. Pero nuestro ritmo de ascenso no disminuía y cuando logramos los 3000 msnm sobre el Plateau, pudimos disfrutar de un hermoso amanecer. La vista mejoraba, pero el terreno no tanto.

Luego de tomar un descanso y unas fotos comenzamos la etapa más dura del ascenso. Esta zona es la denominada Canaleta Superior (3200 msnm) presenta una pendiente marcada y sostenida. Afortunadamente, mientras ascendíamos, notamos como la cumbre comenzaba a despejarse de nubes. El fin de la canaleta es a los 3500 msnm aproximadamente, desde ahí la cumbre ya está más que visible y la emoción genera más fuerzas para llegar. Una hora más de marcha y la cumbre nos recibió bañada por los rayos del sol.

Felices por haber logrado la tan ansiada cumbre comenzamos el descenso, que por momentos resulta más dificultoso que el ascenso. Pero como todo lo que sube tiene que bajar, luego de una dura vuelta con el viento incrementándose, llegamos al campamento. Nos repusimos con una exquisita picada que nos preparó Diego y una hora después, emprendimos el regreso. Cada tanto, mientras descendíamos por la Espina de Pescado, volteábamos para observar la cumbre del Lanín, esa que hacía unas horas nos había dejado recorrerla y disfrutarla, ahora totalmente tapada por nubes grises. Agradecidos por la anticipación de nuestro guía-gurú del tiempo Diego, y al Lanín que nos dejó hacer cumbre, volvimos más que felices.

Un agradecimiento especial a Diego Barretto y a Matías Pardal (Guías de la patagonia) por la guía, el cuidado y sobre todo la buena onda. Y a Lucía y Ariel, que además de compañeros de aventura, fueron también fotógrafos.

Texto y fotos: Mariano Alvarez

 

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